El dolor es una casa donde las sillas han olvidado cómo sostenernos. Los espejos, cómo reflejarnos. Las paredes, cómo contenernos.
El dolor es una casa que desaparece cada vez que alguien llama a la puerta o al timbre, una casa que vuela por los aires con la misma brisa que se entierra hondo en la tierra mientras dos duermen.

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