lunes, 17 de enero de 2011

Ajám.

El dolor es una casa donde las sillas han olvidado cómo sostenernos. Los espejos, cómo reflejarnos. Las paredes, cómo contenernos.
El dolor es una casa que desaparece cada vez que alguien llama a la puerta o al timbre, una casa que vuela por los aires con la misma brisa que se entierra hondo en la tierra mientras dos duermen.
El dolor es una casa donde nadie puede protegerte. Donde la hermana menor se hará mayor que la mayor, donde las puertas no te dejan entrar ni salir.

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